Monjes, leyendas

montañas y monasterios

En el siglo IV, Pablo de Tebas buscaba su retiro espiritual en el desierto de la Tebaida, en Egipto.
 
Siguiendo su ejemplo por todo el orbe cristiano, sus discípulos fueron a lugares remotos donde meditar, convirtiéndose en los primeros eremitas.
 
El Bierzo fue entonces el hogar de muchos de ellos.
En los montes Aquilianos, el fenómeno eremítico sigue siendo un enigma.
 
A partir del siglo VII los ermitaños llegaron a estos lugares de modo masivo, poseídos por una fiebre mística colectiva.
 
¿Qué era lo que tanto les atraía a estas montañas?
Uno de los primeros eremitas fue San Fructuoso, un noble visigodo que erigió, entre otros, el Monasterio de San Pedro de Montes.
 
Pero su fama y trascendencia serían superadas por su sucesor, San Genadio.

Iglesia Mozárabe de

 SANTIAGO DE PEÑALBA (S.X)

Santiago de Peñalba es una joya única del arte mozárabe prerrománico.
 
Ubicada en el corazón de los montes Aquilianos, fue el lugar ideal para el aislamiento de los eremitas.
Aunque su fundación se suele atribuir a San Genadio, lo cierto es que no pudo ver terminada su obra y fue enterrado junto a ella.
La iglesia fue erigida entre los años 931 y 937. En esta época, el rey Ramiro II de León donó a los monjes la Cruz de Peñalba, símbolo del Bierzo.
 
En el interior destacan sus pinturas muralesCon más de mil años de antigüedad, este templo es una rareza por su estado de conservación.

Monasterio de

 SAN PEDRO DE MONTES (S. VII)

El siempre tranquilo y silencioso monasterio de San Pedro de Montes se encuentra en la vecina aldea de Montes de Valdueza.
 
La fundación de San Pedro de Montes se remonta al siglo VII, cuando fue erigido por San Fructuoso.
 
De esta antiquísima construcción apenas quedan restos, ya que en el año 714 fue destruido por las razzias musulmanas.
Durante siglos cayó en el abandono, hasta que con la llegada San Genadio recuperó su esplendor.
 
A día de hoy cuesta imaginar como debía de ser la vida monacal en un lugar tan aislado del resto del mundo, más cerca del cielo que de la tierra.